De Mar el plata a Ushuaia: rumbo la aventura!

Publicado el 17 de marzo de 2025, 18:06

La ruta que decidimos hacer, fue la más dificil que haya habido en esta zona: iríamos hasta Ushuaia, el extremo Sur argentino, para luego subir por los canales chilenos hasta Puerto Montt. Mares dificiles, vientros cambiantes, corrientes y mareas. Sabíamos que muchos barcos no llegan, tienen que hacer media vuelta, intentarlo otro año,si es que todavía tienen el tiempo y el coraje de hacerlo- Pero toda la tripulación estaba de acuerdo: por más dificil que sea, queríamos intentarlo- Aquellos mares desafiantes, esa naturaleza virgen, esos pasos llenos de historias tan antiguas- La aventura...la aventura! Tortuga es pequeña, no cuenta con una jarcia nueva ni un extraordinario juego de velas, no puede ir rápido con el motor, pero le teníamos confianza- La cuidamos, todo lo posible, y en Mar del Plata la preparamos con los medios de a bordo: instalamos un nuevo piloto automático, alargamos la cadena del ancla con un buen cabo, compramos 200 metros de amarras flotantes, compramos un telefonito satelital que podia servir para recibir el pronostico, instalamos una pequeña calefacción, limpiamos el tanque de diesel. Estabamos en Mar del Plata, con muy poco tiempo porque queriamos llegar al Sur lo antes posible, por el tiempo y los vientos-También, claro, vimos a los amigos y  la familia- Era muy lindo verlos, aun si yo sentia en permanencia una gran concentracion mental, como si toda la mente estuviese puesta en el estudio de la guia nautica, en la observación de los vientos,en la preparación de Tortuga. Y todo lo que pasaba alrededor, charlas asados visitas, era agradable pero como muy lejano, como en segundo plano. Solo cuando me encontré con viejos capitanes que conocían mucho al sur, sentí que toda mi concentración estaba puesta en la charla: escuchaba cada consejo, anotaba cada bahia recomendada. Hablar de veleros y de vientos era mi verdadero lenguaje en aquel momento.

con los amigos a bordo de Tortuga                                                                       A bordo del velero Tango con su tripulación de navegantes                    Maé y Diego alargnado la cadena con un cabo

            leyendo la guía naútica                                                                                       Preparando los 200 metros de cabos para cortarlos y ordenarlos                                                instalando el piloto automático 

Los vientos patagónicos son muy cambiantes- Suelen tener una rotación antihoraria; un Norte/ Noroeste que puede ser de menor o mayor fuerza, luego un Oeste, un OSO, un So, SSO,todos esos vientos con fuerzas que pueden ir del leve al huracan. Luego suele entrar un Este muy leve,casi nada, al que le sigue un NE, y vuelta a empezar. Dicen que cuanto más tiempo se cae el viento entre un Norte y un FrenteFrio ( OSO,SO), más tiempo durará el frente. También dicen que el tiempo sin viento entre esos vientos no indica la violencia del Sur. Lo sorprendente es que esa rotación se puede dar sin caída del viento,uno puede pasar de un Norte muy Fuerte a un S muy fuerte casi sin transiciones. Además , se suelen formar corrientes de marea a lo largo de la costa y hay zonas de escarceos o turbulencias, donde las aguas y las corrientes se hacen caóticas. Nos ha pasado no lograr avanzar a más de un nudo por varias horas, hasta que cambiara la corriente. También hemos tenido a veces que buscar un reparo que tenga muy cerca un reparo para el Norte y otro para el Sur, ya que nos teníamos que detener con un norte fuerte para no tener que enfrentar un temporal sur. No siempre eso es posible, claro.

Salimos con un lindo viento de Mar del Plata, rumbo Sur.  Nos acompañó un lobo marina durante unas millas. Cuando el viento rotaba nos poníamos al reparo el tiempo que pase el fuerte viento en contra y luego seguíamos- Nos detuvimos en Necochea, en SanBlas y en Península de Valdés. Las costas patagónicas suelen ser anchas, desérticas, y luminosas, grandiosas a su manera. Mientras navegamos estaba concentrada en la navegación, el mar,los vientos,las comidas, les niñes,las horas de guardia y las de descanso. Confiaba en el barco, todo tomaba la tonalidad del ciclo del mar. Y frente a los desafíos ponía el cuerpo,no había dudas. Pero en los fondeos repasaba la ruta hecha, los errores, lo que se hubiese podido hacer mejor y pensaba en la que se venía- tenía un mapa mental de la ruta, repasaba las posibles calas, las zonas de escarceos y turbulencias,las corrientes,las millas, volvía a pensar en el pronostico y de repente nos veía en nuestra minuscula Tortuga, bajando siempre más a latitudes tan bajas. Y me daba un inmenso vértigo. ¿Será eso,elmiedo? Recordé entonces a Slocum, que decidió no fondear más y bajar toda la costa argentina de un tramo, lejos de la costa porque era cuando tiraba el ancla que le agarraba el miedo. Fondear era abrir la posibilidad de hacer media vuelta. Si, será eso, el miedo, y salía de los fondeadero con muchas ganas de navegar, volver al mar: una vez que se levantaban las velas, no quedaba nada de ese vértigo y me entregaba al mar.

Oiuna con un gatuzo pescado en SanBlas, antes de liberarlo al mar                                                                                                  El equipo Tortuga desembarca en fondeadero Cracker

Hasta el Golfo San Jorge, la navegación fue con vientos favorables ya que nos deteníamos cuando no lo eran. Ibamos conociendo esos mares y sus corrientes, haciendo pasos cortitos, prudentes y concentrados. Fue en el Golfo San Jorge que tuvimos nuestro primer tempóral. Eran 30/35 nudos con dos tres metros de ola.  En el atardecer la víspera del temporal,  estábamos todavía a 20 millas de la entrada del golfo.  Había muy poco viento y decidimos no prender el motor, ir muy lentamente, para llegar al Golfo, sus vientos y sus olas con el amanecer. Nos quedamos derivando sobre ese mar de aceite, bajo esos cielos quietos. Recuerdo aquel atardecer con el Oeste y el Sur tapados de nubes bajas y cargadas, nada de viento. Los cielos en esas latitudes son imponentes, tan majestuosos como el mar aun. Se siente su inmensidad. “Mirenlo a este mar”les dije a los chicos. “Mañana estará bien cambiado.”

Entramos al Golfo San Jorge en el amanecer, y el mar estaba sublime como lo puede ser: duro y magnifico. El viento era delOeste y nos permitía navegar de través. Tortuga se instaló en ese mar movido. Las olasa veces pasaban por la cubierta y el cockpit. Los niños se ataron y se fueron a la bañera , alegrados por el ajetreo del mar, la adrenalina que producía el subibaja de las olas, el espectáculo de las aves pescando en esas aguas movidas, que son las que prefieren. Claro que era cansador y el barco no estaba cómodo para cocinar y dormir, pero todo pasa y ese viento también pasó-. FUe sorprendete lo rápido que se calmó el mar cuando cayó el viento. Cuando llegó la noche, me quedé fascinada por el cielo: la noche era tan negra, tan honda, repleta de estrellas en el cielo.

Después de aquel Oeste, el sur que lo siguió fue tan leve que no lo sentimos, y el Norte tardó en pasar de brisa leve a brisa fuerte... Sabíamos que el Sabado por la tarde entraba un temporal OSO.  Pensábamos entrar a Puerto Deseado el sábado,con la marea de las 4ham, para estar protegidos de un viento Sur que tenía que entrar en el día. En el sur, uno no entra a puerto cuando quiere, entra cuando la marea es favorable. Las corrientes de marea contrarias imposibilitan la entrada a un barco comoTortuga. Pero el Oeste se levantó antes que previsto, intentamos alcanzar un fondeadero cerca de Puerto Deseado pero cuando estábamos a una milla, el viento se puso tan violento que solo nos quedó alejarnos de tierra: habíamos perdido la carrera. Nos alejamos un poco de la costa, donde algunas rocas podía representar un peligro y nos pusimos “A la capa” lo que significa que el barco flotaba sin velas sobre el mar, con la caña atada a sotavento, llendo hacia donde los vientos y las corrientes los llevara.  Me llamó prefectura que vió el movimiento y las avisé que nos quedaríamos fuera durante el temporal. La realidad a bordo no era dramática: el barco estaba muy sacudido, pero nos metimos todos en las camas, a descansar porfin. Salvo para cocinar no me levanté, y Diego durmió a puño cerrado. Afuera, alguna ráfaga que otra alcanzó los 40 nudos, y el barco retrocedió en total 20 millas hacia el NE . Eramos un corcho sobre el mar. En el atardecer resonó una voz en nuestro nido tranquilo: "Tortuguita, Tortuguita, dónde estás?" Era la prefectura que intentaba comunicarse por radio, pero estábamos demasiado lejor para que nuestra radio tenga alcance. 

Por la noche cayó el viento Sur y pronto se instaló el Norte. El desafío fue entonces regresar esas veinte millas lo más lentamente posible, para llegar en la madrugada a la hora de la marea. No era fácil: las corrientes y el viento  nos llevaban rápido a pesar nuestro y Tortuga parecía apurada. En la madrugada pudimos entrar a Puerto Deseado. En este rio se detuvo Magallanes con sus hombres, hace siglos, para reparar sus barcos. Es emocionante pensar que esos hombres vieron las mismas orillas desoladas y esas rocas tortuosas esculpidas con la violencia de los vientos. Pasamos el fin de la tarde con prefectura, moviendo los demás barcos para que Tortuga esté bien al reparo, la amarramos con muchas amarras. Al dia siguiente, el rio estaba transformado y el sur soplaba furiosamente sobre  Rio Deseado, alcanzando los 60 nudos. El viento sopló, levantó olas en el rio. Tortuga bailaba, tranquila y segura. El viento sopló, hasta que se agotó.

La noche anterior a la salida de Puerto Deseado, cuando el viento menguó, Diego subió arriba del mástil para verifiar condiciones de la jarcia. Ahi se encontró con un cable roto en el stay de proa. Pensamos que no podíamos seguir asi, con los fuertes vientos Oeste y Sur Oeste que podían pasar. Teniamos un cable de repuesto en el cofre de velas, un cable que siempre habia estado ahi, que probablemente un dueño anterior habia sacado para instalar el enrollador. Eran las 10 de la noche. Teniamos que salir a las 5 de la mañana, con la marea. Pasamos la noche haciendo el cambio de jarcia. A las 4 habiamos terminado, dormimos una horita y en las primeras luces del alba, soltamos las amarras. Tortuga iba entonces en cotre… Adelante el tormentin, que habiamos usado a veces en tormentas, y la trinqueta, muy viejita y algo deformada. Estábamos bajando a latitudes nunca navegadas por nosotros antes, y con un juego de velas totalmente distinto, un desafío más. Nuestra grande genoa fue al cofre de velas.

Qué vértigo, salir de aquel último puerto, y ´poner rumbo “Cabo San Diego”- Esas últimas millas al cabo Le Maire me parecían una inmensidad. Nos acompañaron mucho las toninas overas que jugaban junto a los delfines australes y nos daban alegría y valor.  Tiramos el ancla dos veces, una en Bahía del desvelo y otra al norte del Cabo Curioso, para dejar un Sur tan furioso como corto.  Nos mantuvimos a unas 30 millas de la costa desde Puerto SantaCruz, que el viento Oeste no nos dejó acercarnos más, pero eso no prensentó ningún inconveniente. Un poco al norte del canal de Magallanes entró un violento temporal del oeste. Tortuga escorada, su babor en el agua, 40 nudos instalados y ráfagas de 45. Un mar violento, realmente  se sentía más denso el viento, se veía más blanco elmar, la espuma volaba sobre las aguas. Ya pasará, pensaba, ya se cansará. Y efectivamente, cuando ya estábamos al sur del estrecho de Magallanes, el viento menguó, y cambió. Tortuga siguió navegando, siempre más al sur, manteniendo sus 30 miollas de distancia a la costa,  con un suave norte, sobre un mar tranquilo.   Amaneció y todo el día fue tan suave, que hasta pusimos unas horas la spi. Llevábamos una semana sin bajar a tierra, y cuando los chicos me vieron preparar cebollitas para concinar con lentejas, se fueron a pescar.Al rato, sacaban dos peces de 7 kilos, absolutamente deliciosos, y fue una fiesta a bordo. Era la última velada, la última noche antes del estrecho Le Maire. Teníamos que llegar y pasar con la marea de la 12ham el día siguiente.

Hay momentos muy emocionantes,muy hermosos, que se saborean despacito, los agradezco, los vivo plenamente sabiendo que se quedarán calentándonos el alma por siempre, momentos imborrables,inestimables, y en esos momentos uno siente lo hermoso que es estar vivo, y agradece cada paso, por mas difícil que hay sido, cada paso que nos trajo hasta ahi. Aquella madrugaa cuando amaneció a 15 millas del estrecho lemaire sobre un mar tranqiulo con leve brisa noreste,vi tierra. Y ya no era una tierra de llanuras: era una tierra de montañas y nubes, algunos pinguinos y albatros flotaban sobre el agua. Esas montañas me emocionaron, con diego nos sentamos en proa, tomamos unos mates, hablamos de nuestros pasos por estas tierras hace 19 años, recordamos nuestras primeras aventuras juntos., reflexionamos sobre los últimos dias de travesía, que fueron muy intenso- Evocamos a los que pasaron por aqui hace siglo, los que estudian hoy en día a estas corrientes complejas del sur, hablamos de las formaciones geologicas y de la alegría de querernos tanto-. Hablamos y callamos, y el mate caliente, y las montañas y el estrecho al que nos dirigimos despacito, para llegar al buen momento de la marea, ese estrecho que yo esperaba , excitada como una niña que espera una fiesta, asi de simple, asi de maravilloso. Qué gratitud infinita me invade en esos momentos, qué riqueza sentirme tan viva, tan despierta, tan anclada en cada momento. Desde que salimos hace 18 años ,hemos caminado hacia rumbos inciertos, improvisando frente a situaciones inesperadas cada día. Tengo desde niña una alma de aventurera, que pide vivir historias fuertes, no saber lo que pásará. Ir con temeridad hacia lo desconocido,sentir el miedo hasta la médula y burlarme de él. En Tortuga, latitud 54, preparados con los medios de a bordo, que son escasos, mi alma de aventurera vibraba y se reía.

 

Cuando Maé se levantó , salió y se exclamó, “Ah! Qué belleza! Qué hermoso día!”. Se quedó mirando la Isla de los Estados a lo lejos. “Costó”, dijo entonces con una sonrisa, “porque fue duro eh! Desde Recife”.Todos asentimos en silencio: estaba expresando el pensamiento de todos. “Bueno” prosiguió, “pero ahora, estamos acá… y lo valió todo!”. Me puse a reír. Si, valió la pena, sin lugar a dudas. Volví a pensar en esas miles de millas, los problemas técnicos que aparecían en Tortuga, siguiendose unos a otros y que hubieran detenido a más de uno. Los problemas de salud, nuestra economía precaria, las miles de millas por la costa brasilera sin piloto, dia y noche a la barra, los violentos temporales que volvían a Tortuga muy incómoda para dormir, cocinar, moverse y nos mantenían alertas día y noche. Pensé que en todo momento Maé estuvo sonriente, haciendo reir ala tripulación, siempre dispuesto a ayudar,a poner el cuerpo, tirando hacia adelante con toda su voluntad. Timoneando varias horas por dia, trimando las velas,ordenando la casa… Recordé la reunión que tuvimos en Recife, en la que advertí que elegir Patagonia sería muy muy duro. Y Maé y Oiuna asintieron afirmando estar dispuestos a que asi sea. Y ambos estuvieron desde entonces entregados a este intenso baile, a esta aventura. Fue duro, aprendimos mucho, y aquel día, chiquitites en nuestra Tortuga, los cuatro emocionados y alertas, nos adentramos en el estrecho Le Maire,entre la isla de los Estados y el cabo San Diego. Los cuatro sentados en la bañera, maravillados por lo que se ofrecía ante nuestros ojos. Algunas risas, unas palabras de camaradería, la alegría estampada en los rostros, no podíamos sentirnos más unidos.

Iba facinada por aquel estrecho, lo pasamos y el mar fue cambiando, ajetreado,  con  zonas de hervor. Tan maravillada estaba que no podia dejar la bañera., necesitaba estar alli, y el cansancio había desaparecido. Pasamos el estrecho, las imponentes montañas de las islas de los estados quedaron en popa,y el mar se hacía más grande. Era algo caótico, chocaban las olas que venían de distintos lugares, levantandose como en un abrazo y se deshacían como una carcajada salipicando el agua. Muchas corrientes, y el viento en aumento. El pronostico nos habia marcado algo extraño, 17 de viento, 45 de ráfagas a final de la tarde, y menos mal habíamos navegado con la mayor velocidad posible para encontrarnos en ese momento al sur del estrecho. En el horizonte unas nubes con formas de ovni, espesas, inmoviles. Pasó un lobo marino en sentido inverso al que ibamos, pareció extrañarse, sacó la cabeza erguida varias veces fuera del agua, mirándome fijamente, y desapareció. Minutos después el viento había aumentado considerablemente. Ya eran entre 38 y 40 nudos instalados. El mar estaba transformado. Tortuga se encontraba de nuevo con su babor submergido. 

Agarrándose donde pudiera y atandose a medida que avanzaba, con las olas pasandole por encima, Diego se fue al palo a ponerle un rizo a la mayor y se fue a proa a subir la trinqueta mientras yo cazaba su escota. Entra la lucha con la escora, y el agua que me caia en el rostro regulamente, no pensé en atar la escota a una cornamusa solo la dejé agarrada por el winch . Después de la maniobra, nos encontramos los dos enla bañera, al parcial reparo de nuestro chubasquero- Observé entonces a los álbatros: aleteaban con frenesí para acercarse al mar, y antes de alcanzarlo salian planeando hacia arriba, las alas bien abiertas, subían a una velocidad extraordinaria, rotando a veces el cuerpo hasta un angulo de casi 90 grados con el mar. Y entonces de nuevo, aleteaban para bajar. Era bellísimo , inusual, facinante. Diego me comentó que había tenido que hacer fuerza para bajar la vela mayor, pero que la trinqueta casi había subido sola- Entonces entendí lo que le pasaba a los álbatros: el viento los llevaba con fuerza hacia arriba y ellos tenían que luchar para mantenerse a una distancia rasonable de la tierra, o del mar- El viento aumentó más y la escota de la trinqueta se salió. Furioso el cabo se movía como una vibora, y Diego fue a proa a pelearse con él. Recibió unos cuántos golpes antes de poder imovilisarlo- Decidimos bajar la trinqueta y quedarnos solo con el tormentín. Ya eran las cinco de la tarde. Yo llevaba doce horas en el puente, pero no habia espacio para sentir cansancio: era adrenalina pura. El viento estaba rabioso y cuando daba cortas treguas, volvíamos a subir algo de trapo para seguir avanzando lo más rápido posible: la marea estaba por cambiar, el mar estaba montado y queríamos alejarnos lo más posible del estrecho y acercarnos a tierra. En las brumas del atardecer despedimos a las escandalosas cimas de la Isla de los Estados .

A unas millas de la costa seguimos avanzando con ese Nor norOeste bien instalado. Pensábamos entrar a Bahía Aguirre para descansar y dejar pasar un Oeste que estaba previsto antes de seguir hacia el canal Beaggle. Pero cuando estuvimos cerca de la entrada Este de la bahía, el viento noroeste era demasiado fuerte para ingresar a la bahia, y seguimos.Tortufa siguió , Diego tomó la guardia, ya que él habia hecho siesta en Le Maire,y me fui a dormir-. Habré dormido dos horas cuando me despertó Diego : no avanzamos, me anunció. Aquella zona, entre el extremo Este de Bahía Aguirre y Punta Falsa  es conocida por tener corrientes  Oeste/Este de hasta tres nudos. Con esa corriente y un viento en contra, un tormentin en el frente para ceñir, porque la trinqueta  trabajaba mal, era batalla perdida. Miré el navionics: Tortuga retrocedía a una velocidad de un nudo, un nudo y medio-. Me reí: siempre me parece extraordinaria la fuerza que tiene el mar. “Bueno, “ le dije a Diego, “la situación no es tan complicada, media vuelta, nos vamos a Aguirre”. Efectivamente estabamos a pocas millas del extremo Oeste de la bahía, y con el bordo hecho, Tortuga se encaminó rapidamente hacia allí, llevada por vientos y corrientes. Entrando a la bahia, ya habia esa luz tenue que precede el alba, y opimos el inconfudible soplo de una ballena. Entonces las vimos, eran cuatro. Mael se despertó, el frío era mordaz pero se quedó en la bañera, observando el lento y tranquilo paso de las ballenas . 

Ya era de día y el paisaje era una locura de belleza. Comer bien, descansar, reparar, ordenar,era lo que habia que hacer mientras pasaba el Oeste. Cuando todos despertamos, comimos mucho y bien, Diego y yo nos pusimos a repar el barco: yo me puse a coser el chubasquero, nuestro chubasqeuro es viejito, de tela, pero nos ofrece un reparo inestimable. Se habia desgarrado en algunas partes con el último temporal- Diego se puso a achicar las sentinas, seguíamos con una entrada de agua, de 12 litros más o menos cada 20 horas de motor.Los peques se pusieron a inflar el dingy, tenían demasiadas ganas de ir a tierra-

Por la noche la bahía estaba calma. El pronóstico nos decía que afuera habia 18 nudos NNO.También indicaba que a las 9ham  soplaría una hora un viento de 40 nudos NO antes de entrar un OSO de unos 25 nudos. El plan era simple: una tranquila noche con el NNO, haber pasado Punta Falsa el  antes de las 9h, derivar un poco frente a la entrada del beaggle con el temporal NO,  y entrar a media mañana al beaggle con el OSO. No era lo mejor, y unavez más todo era muy justo. Pero era eso o estar bloqueados en Aguirre por tiempo indefinido. El OSO venia para instalarse. Y no era viento que nos dejaría pasar.

Salió Tortuga, era noche negra. Se deslizó sobre las aguas oscuras, aceleró con una racha, perdíó velocidad cuando pasó cerca de un acantilado más alto. En la bahía no había olas, un mar chato, sobre el que se escuchaba la estela invisible que dibujaba Tortuga. Abrí un poco la vela, cerré el rumbo, sentía  a mi barco como si fuera parte de mi, y el movimiento de las aguas como si las estuviese caminando: eran aguas espesas. Saltó un delfín en popa, una , dos veces, salpicó la noche de blanco. Escuché los pasos sobre el agua de un ave a estribor, y el movimientos de sus alas. Agradecí al delfín, le pedí disculpas al pájaro. Los montes oscuros se desdibujaban apenas sobre el cielo negro. La brisa en el rostro, el frio en las manos, le murmuré unas palabras al mar-.Tanto silencio… ¿qué nos depararía? Estaba tan  hermoso. Y sospeché que esa navegación de ensueño no duraría mucho más.

 Salimos de la bahía y efectivamente las condiciones cambiaron rápidamente. Aquella noche fue dura, muy dura. El viento estaba rabioso y teníamos corriente en contra. Qué feas son las noches tan oscuras cuando hay tanto viento y un mar montado. Las olas pasaban sobre la bañera, Tortuga escoraba tanto que tenía la parte de babor sumergida la mayor parte del tiempo. No esperaba tanto viento, tampoco me esperaba a que se formaran olas sobre un espacio tan reducido , ya que teníamos tierra a pocas millas a parlovento. La trinqueta se rompió y dejó totalmente de funcionar. Teníamos un rumbo Oeste Sur Oeste, con un viento Nor Oeste y corriente encontra. Teniamos que ganar cada grado posible, mantenernos lo más al norte posible, para poder entrar lo más al nort posible de Isla Nueva, tener agua a sotavento para poder derivar con el temporal de la mañana y luego lograr entrar al canal beaggle. Fue una noche de locos. Ni Diego ni yo pudimos dormir. De vez en cuando calentaba agua, para calentarnos un poco. Porque el frio hizo parte de la dureza nocturna. Los guantes ya se nos habían empapadados, y estabamos mojados, el viento era frio y no habia modo de recuperar calor. Había una tensión muy fuerte,porque nuestra mayor ya venía debilitada, y solpíamos usarlka con un riso para no exponer las zonas con agujeritos. Pero con un riso, Tortuga derivaba. Decidimos entonces mantener toda la vela alta a pesar de la violencia del viento. 

Con qué alivio vi el  alba. Nada es tan dificil de dia. Pasamos Punta Falsa y el viento nos dio una corta tregua. No podiamos corregir el rumbo OSO pero el barco no iba tan exigido y las olas ya no rompían sobre el casco. Y entonces, qué maravilla!!!! el canal de beagle abriendose a lo lejos, las nubes y sus escandalosas figuras, las montañas imponentes, y la vida: los cormoranes imperiales volando alineados y en bandadas con su cuerpo blanco y negro, toninas del aire, y sus cuellos alargados, los inmensos álbatros, las gaviotas, los delfines haciendo saltos y piruetas, las ballenas hechando su agua por donde mirabamos, los lobos marinos sacando la cabeza… hermoso. Y entonces, en ese momento, uno le perdona al mar.  Siente agradecimiento infinito, éxtasis ante tanta belleza

Aquel momento no duró mucho, se puso a soplar más fuerte de nuevo y continuamos nuestra lucha para no perder tantos grados. Nuestro rumbo se puso suroeste, y esperábamos el cambio de viento para entrar al canal. Ya estábamos en aguas chilenas y me encontraba hablando por radio con prefectura cuando Diego me llamó: estaba señalando algo a babor. Una masa negra de nubes bajas que venían hacia nosotros, el famoso suroeste qeu esperabamos. Tengo que admitir que no lo esperaba asi. Contaba con un sonriente y soleado sur oeste con unos veinte nudos de viento. Pero los vientos decidieron que ya era tiempo que entremos al Beaggle y rápido. En minutos estuvo el temporal arriba nuestro. El barco hizo un giro, y en el momento en que el barco se escoraba para el otro lado de manera algo caótica, me llama prefectura y me preguntó cual era la intención de la manoibra actual- Era algo cómnico, la pregunta en medio del caos en el que me encontraba. Bajo la lluvia y las olas, Diego se trepó al mástil porque la mayor se habia quedado trabada en la crucetas. Yo estaba a la barra, y lo observaba, cuando de repente, con una rafaga, lo vi salir volando. Se agarró de una mano a un estay, volvio a atrapar el palo donde se quedo unos segundo aferrado, abrazados al palo…

Estabamos cansados. Llevabamos mas de 24 horas sin dormir. Solo quedaba en nosotros la obstinación para lograrlo, la decisión de lograrlo, la concentración en hacer una con Tortuga. Una vez el bordo hecho, , Tortuga se acomodó y no había ni que hacer fuerza en la barra: iba sola hacia la entrada del canal. Mi única preocupación era mantenerla lo más al sur del beaggle para tener agua a sotavento: y asi fue cómo entró Tortgua al canal Beagle, con cinco nudos de velocidad.Pronto la isla Picton nos dio reparo de las olas y un grupo de delfines oscuros nos ofrecieron un espectaculo extraordinario de saltos coordinados. Las aves, también estaban de fiesta. “El viento es violento acá para poder ser suave en otros lados”, dijo Mael. Claro, estas son las latitudes de desahogo. Pronto se calmó el viento y entonces de nuevo, lo maravillloso, el ancho canal ceñido de montañas, los cerros nevados a lo lejos, las ballenas rorcuales por decenas y su posado lomo cromado, los delfines y las aves, las aguas espesas, el éxtasis. Todo, todo se lo perdono, y me quedo con él. ¿ Habrá que pagar más tributos por haber tenido el atrevimento de estar en este lugar de indecible belleza? Los pagaremos todos y seguiremos agradecidos! Adentro la casa estaba como despues de un terremoto. Se habia roto la puerta de las expensas y se habia repartido por el suelo todo tipo de especias,arroz, frijoles, habia soltado la barra de madera que retenia la biblioteca y los libros estaban desparramados. Arreglé un poco el desastre, cociné algo para la tripulación , y volví a salir. Esperábamos otro oeste, y ya nos preparamos a lo peor, pero el viento nos dejó pasar, y ya no hubo temporales. Entre ballenas y bandadas de cormoranes, Tortuga se adentró en el canal de Beaggle, y dos días después llegamos a Ushuaia.

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios

Crea tu propia página web con Webador